Hoy nuestra mesa no tiene lujos. No hay salón, ni música fuerte, ni grandes adornos. Solo un pastel sencillo, dos velas con el número 55 y dos personas que todavía se buscan, incluso después de tantos años.

Quizás eso sea el verdadero amor.

No las fotografías perfectas.

No los regalos caros.

No las grandes declaraciones.

Sino tener a alguien que, después de tantos años, todavía se siente como casa.

Esta noche apagaremos las luces, cortaremos el pastel y probablemente discutiremos por quién se queda con el último pedazo.

Y nos reiremos.

Porque después de 55 años, seguimos siendo nosotros.

No tenemos una historia perfecta.

Tenemos algo mucho más valioso:

una historia que nunca dejamos de escribir juntos. ❤️

Si tú también crees que el amor verdadero se demuestra quedándose, cuidando y eligiendo a la misma persona una y otra vez, déjanos una ❤️ en los comentarios.

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