Rosquillas de la abuela receta fácil y casera

Hay sabores que nos transportan directamente a la infancia, a las cocinas llenas de cariño y al inconfundible aroma de las recetas tradicionales. Las Rosquillas de la abuela son, sin duda, uno de esos tesoros culinarios que han pasado de generación en generación, dejando una huella imborrable en nuestro paladar y en nuestros corazones. Su textura esponjosa, su ligero toque cítrico y esa irresistible capa de azúcar las convierten en el bocado perfecto para cualquier momento del día.

Esta receta que te presentamos hoy no es solo un conjunto de ingredientes y pasos; es un viaje a la memoria, una invitación a recrear esos momentos mágicos en los que la cocina de la abuela era el centro del universo. Con ingredientes sencillos y un proceso lleno de amor, podrás evocar esos sabores auténticos que tanto añoramos y compartir la magia con los tuyos.

Ingredientes para las Rosquillas de la abuela
3 huevos grandes
150 g de azúcar (y un poco más para rebozar las rosquillas)
100 ml de aceite de oliva virgen extra suave o de girasol
100 ml de leche (entera, desnatada o semidesnatada, a tu gusto)
Ralladura de 1 limón grande (solo la parte amarilla)
16 g de levadura química (tipo Royal, un sobre)
Una pizca de sal
500-550 g de harina de trigo común (aproximadamente, puede variar)
Aceite de girasol abundante para freír
Tiempo de preparación
Preparación: 30 minutos
Reposo de la masa: 30 minutos
Fritura y rebozado: 20-30 minutos
Tiempo total: Aproximadamente 1 hora y 30 minutos
Preparación de las Rosquillas de la abuela paso a paso
1. Preparación de la mezcla líquida y azucarada
En un bol amplio, comienza batiendo los huevos grandes junto con los 150 gramos de azúcar hasta obtener una mezcla espumosa y blanquecina. Es fundamental que el azúcar se disuelva bien para conseguir una textura fina en nuestras rosquillas.

A continuación, incorpora el aceite de oliva suave o de girasol, la leche y la ralladura de limón. Mezcla todos estos ingredientes líquidos de manera homogénea, asegurándote de que la ralladura de limón distribuya su aroma por toda la preparación. Este será el punto de partida de nuestras auténticas Rosquillas de la abuela.

2. Incorporación de los ingredientes secos
Una vez que tienes la mezcla líquida lista, es el momento de añadir la levadura química y la pizca de sal. Después, empieza a incorporar la harina de trigo común poco a poco.

Es crucial añadir la harina en varias tandas, mezclando con una cuchara de madera o espátula al principio y luego con las manos, hasta que la masa empiece a despegarse ligeramente de las paredes del bol. La cantidad exacta de harina puede variar según el tamaño de los huevos y la absorción de la harina, así que fíjate en la consistencia: debe ser una masa suave, manejable pero no excesivamente pegajosa.

3. Amasado y reposo de la masa
Una vez que la harina esté bien integrada, pasa la masa a una superficie ligeramente enharinada y amasa suavemente durante unos 5-7 minutos. No es necesario un amasado intenso, solo lo suficiente para que la masa adquiera elasticidad y se vuelva homogénea.

Cuando la tengas lista, forma una bola con la masa, cúbrela con un paño limpio o film transparente y déjala reposar a temperatura ambiente durante al menos 30 minutos. Este reposo es importante para que la harina se hidrate completamente y la masa sea más fácil de trabajar al formar las Rosquillas de la abuela.

4. Formado de las rosquillas
Pasado el tiempo de reposo, enharina ligeramente tus manos y la superficie de trabajo. Toma pequeñas porciones de masa (aproximadamente del tamaño de una nuez grande) y estíralas en forma de rulo de unos 10-12 cm de largo.

Luego, une los extremos para formar el clásico agujero central de la rosquilla. Asegúrate de que los extremos queden bien sellados para que no se abran durante la fritura. Repite este proceso con toda la masa, colocando las rosquillas formadas sobre una bandeja ligeramente enharinada.

5. Fritura de las Rosquillas de la abuela
Calienta abundante aceite de girasol en una sartén profunda o cazuela a fuego medio-alto. La temperatura del aceite es clave: si está demasiado frío, las rosquillas absorberán mucho aceite; si está demasiado caliente, se dorarán por fuera y quedarán crudas por dentro.

Un buen truco es introducir un trocito de masa; si sube burbujeando suavemente, el aceite está perfecto. Fríe las rosquillas en tandas, sin sobrecargar la sartén, hasta que estén doradas por ambos lados. Retíralas con una espumadera y colócalas sobre papel absorbente para eliminar el exceso de aceite.

6. Rebozado final
Mientras las rosquillas aún están calientes, pásalas por un plato hondo con azúcar. Puedes dejarlas simplemente rebozadas en azúcar o, si lo prefieres, mezclarlas con un poco de canela en polvo para un toque extra de sabor.

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