2. Recorta los bordes si están irregulares y divide cada lámina en cuadrados de 4–5 cm. Pásalos a las bandejas dejando un pequeño espacio entre ellos. Pincha muy suavemente el centro con un tenedor (sin atravesar en exceso) para controlar el volumen.
3. Pinta solo la superficie con huevo batido para un dorado uniforme; evita los laterales para no sellar las capas. Hornea 12–15 minutos, hasta que estén bien subidos y dorados. Enfría sobre rejilla.
4. Para la crema: calienta en un cazo la leche con la vainilla (y la ralladura de limón si la usas) hasta que empiece a humear. Retira del fuego y deja infusionar 5 minutos.
5. En un bol, bate las yemas con el azúcar y la sal hasta que clareen. Incorpora la maicena tamizada y mezcla sin grumos. Vierte poco a poco la leche caliente colada, batiendo para atemperar.
6. Devuelve la mezcla al cazo a fuego medio, removiendo constantemente con varillas hasta que espese y burbujee suavemente (2–4 minutos). Retira del fuego, añade la mantequilla y mezcla hasta que quede lisa y brillante.
7. Pasa la crema a una fuente, cúbrela “a piel” con film para evitar costra y deja templar. Refrigera hasta que esté fría y firme; así será más fácil de rellenar.
8. Abre los hojaldres: con un cuchillo de sierra, corta cada cuadrado en dos capas. Coloca la crema en una manga con boquilla lisa (o usa una cucharilla) y reparte una porción generosa sobre la base.
9. Cubre con la tapa de hojaldre sin presionar en exceso para no quebrar las capas. Repite con todas las piezas. Justo antes de servir, espolvorea abundantemente con azúcar glas usando un colador fino.
10. Consejos: monta los Miguelitos cerca del momento de consumo para mantener el hojaldre crujiente. Si la crema quedara muy densa, suavízala con 1–2 cucharadas de leche fría batiendo. Conserva en frío hasta 48 horas.
