La imagen deja una idea buenísima: no todos los tomates sirven para lo mismo, aunque se vean parecidos. Uno puede estar perfecto para rebanar, otro para comer fresco y otro, la verdad, ya pide olla de una vez.
Qué está mostrando
El tomate va cambiando en cuatro etapas:
– Verde
– Rosado
– Rojo maduro
– Muy maduro
Y cada etapa cambia tres cosas que se sienten de verdad en cocina: acidez, firmeza y dulzor.
Tomate verde
El tomate verde suele sentirse más firme, con más acidez y menos dulzor. Por eso aguanta mejor preparaciones donde importa que no se deshaga tan rápido.
Aquí queda muy bien para:
– Freír rebozado
– Salsa verde
– Guisos donde quieres un toque más vivo
Si alguna vez lo usaste en crudo esperando sabor dulce, seguro notaste que no era por ahí. Tiene su uso, pero no es el mismo del tomate rojo.
Tomate rosado
Cuando el tomate entra en tono rosado ya empezó a cambiar, pero todavía conserva bastante firmeza. Esa mezcla lo vuelve muy útil cuando quieres cortarlo bonito y que mantenga forma.
Va bien para rebanar en:
– Sándwiches
– Hamburguesas
– Ensaladas donde no quieres que suelte demasiada agua
A mí me pasó que una vez armé unos sándwiches con tomates demasiado maduros y el pan terminó aguado en nada.
Tomate rojo maduro
